El Amor y el Alzheimer

Sobre el amor y el Alzheimer: En torno a la enfermedad del Alzheimer se conoce mucho o bastante síntomas tales como el olvido creciente que padecen los pacientes hasta, después de tiempo, tornarse éstos con muchas dificultades en su vida instrumental diaria y, asimismo, esos cambios de conducta tan llamativos como son la expresión de la grosería y por extensión a su lenguaje en general.

No es conocido sin embargo que el declive conlleva aparejado un descontrol de sus impulsos, incluyendo los sexuales, apareciendo entonces deseos y comportamientos como algo así sin filtro. El deterioro explica así que la conducta sexual, remitida y circunscrita a normas sociales muy estrictas y morales, no queda fuera del conjunto de síntomas que puede observarse en un paciente con alzheimer.

No existe mucha literatura al respecto, pero sí se ha observado que hay cierta dificultad en los pacientes en lo que se refiere a la intimidad y cercanía, con conductas más extremas y progresivamente menos matizadas. La hipersexualidad o comportamiento sexual “inapropiado” son términos que utilizan las investigaciones en este campo.

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El Tabú

En charlas y coloquios, como los realizados desde AFA VO, ha salido el tema pero siempre ha costado canalizarlo por lo que tiene de tabú social. Sí se explica, como en las citadas investigaciones, la dificultad para gestionar ciertas conductas descontroladas.

La explicación a conductas que no hace falta literalizar, en el contexto sexual, como la desnudez espontánea y otras, se debe a una disminución del control social y personal. La capacidad entre discernir lo adecuado de lo inadecuado en el contexto social tiene más que ver con la enfermedad que con una catalogación moral de la persona en cuestión.

No hay entonces intencionalidad, es la región cerebral que deja de funcionar a pleno rendimiento lo que provoca el descontrol.

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Se resiente la vida en pareja

No siempre es así, una persona que ha llevado una vida sexual de modo importante no es probable que desarrolle una actividad inadecuada en este ámbito. Sobre el 60% o más de las personas de más de 60 años se siguen manteniendo activas, y el alzhéimer no debe ser un impedimento para que la vida sexual se vea resentida en todos los casos.

En cuanto a los cuidadores, les cuesta manifestar sus sentimientos ante nuevas situaciones y comportamientos sexuales que pueden surgir durante el proceso de la enfermedad, tales como la desinhibición, apetito sexual, etc. Y no se suele comunicar por lo que entraña de tabú en todos los casos. No se trata a nivel pedagógico, o se hace poco, y es más bien desde una investigación comportamental que se intenta dar literatura sobre el asunto.

En la cuestión de género, como en otras facetas de la sociedad, también existen diferencias de percepción y dolo. Un paciente masculino de alzhéimer es más proclive a ejercer cierta agresividad en el acercamiento sexual para con su cónyuge, algo que las mujeres, pacientes o no, viven con desagrado o incluso temor.

No se producen otros vínculos. El cónyuge es la persona más cercana y la que sufre y mantiene el contacto permanente con el paciente. Esto por supuesto repercute en que se lleven los enfados de éstos, in crescendo a medida que el progreso de la enfermedad va haciendo mella en cambios comportamentales.

Pero apenas existen cambios comprobados sobre la existencia de una alejamiento de las parejas; al revés, difícilmente se alejan de ella, sino que se tornan dependientes exclusivos de sus cuidadores. El enamoramiento como se entiende exige un un funcionamiento mental muy equilibrado, lo que entra en contradicción con un paciente con progresivo desarrollo de la enfermedad.

Aunque puede ocurrir que una persona con alzhéimer descuide sus afectos, una de las cosas que más tarde se pierden, o nunca, es que la persona se olvide de su pareja.

Fuentes: Agencia Sinc

https://www.kienyke.com/historias/amar-en-tiempos-de-alzheimer

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